El arte de encontrarse a uno mismo

La primera vez que hice un viaje o escapada en solitario, fue también la vez en la que descubrí el arte de encontrarse a uno mismo.

Ya había viajado varias veces por Europa, a Reino Unido, Francia… pero es esa ocasión requería entre otras cosas valor para enfrentarme a una sensación desconocida, lo que en España llamamos “echarle huevos”. ¿Por qué? Os preguntaréis..

Como siempre, había planeado el viaje con bastante antelación, el plan era visitar unos 4-5 días la ciudad de Edimburgo y hacerlo con amigos, pero éstos, poco a poco se dieron de baja en éste plan. Yo, como tengo sangre maña, cabezota y con ganas me dije a mi misma: “¡Aunque tenga que ir sola, iré!”. Y así es como empezó mi aventura por tierras escocesas.

Viajar sin un compañero/a al que conozcas no está tan mal, al fin y al cabo. Conocí gente interesante en el vuelo, los cuales me dieron consejos sobre la ciudad en la cual íbamos a aterrizar, cómo y qué transporte debía coger para llegar al centro, qué ver o qué no valía tanto la pena. Además, me pude hacer a la idea del acento escocés, ya que ellos al hablar, pues digamos que son como los andaluces de UK, si tu nivel de inglés es así medio, te las apañas para hacerte entender. Pero entenderles a ellos te costará un rato (un vuelo, una pinta…)

Una vez en el aeropuerto, cogí mi mochila y me dirigí hacia donde me habían indicado mis compañeros de vuelo, para coger el autobús que me llevara al centro de Edimburgo. Ahí ya el señor “autobusero” tenía otro acento todavía más cerrado que la pareja de escoceses que acababa de dejar atrás, y de los cuales me había sentido orgullosa de haberlos podido entender y charlar con ellos. En fin, me bajé en mi parada y llegué a mi hostal (por que sale barato y hay que ahorrar).

Fue también la primera vez que iba a un hostal. Para mí, el hecho de que en una habitación pudiese haber más de 2 camas era un poco raro y desconocido (hoy en día es una rutina allá donde vaya). Pero me había informado bien antes de ir e iba ya con la idea.

¡El hostal era Maravintástico! La puerta está justo debajo del castillo de Edimburgo, y estaba ambientado en un antiguo castillo medieval por dentro.

Castle Rock Hostel: Una pasada, varios salones comunes grandiosos donde había bastante gente de todo el mundo y la cual me moría por conocer en cuanto soltara mi mochila en mi habitación.

Tal y como reservé, me tocó una habitación con varias literas, creo recordar que en total eran unas 12 camas y yo me dirigí hacia la mía, posé mi mochila encima de la cama y me sorprendí al notar que alguien entraba en mi habitación, hasta que comprendí que allí esa sería nuestra y no solo mía. Allí ya empecé a hacer nuevos amigos, gente de Australia, de Corea y una mujer de Ecuador.

Las vistas desde mi ventana daban a la zona de Grassmarket y a lo lejos se veía el George Heriot’s School (¿Howgarts?), el colegio que inspiró a la escritora J.K.Rowling para el exitoso Harry Potter.

Bajé con las chicas a el salón común más grande donde había otros viajeros hablado entre ellos, o con el portátil, la guitarra, bebiendo y riéndose.. Estuve conociendo y charlando con gente muy interesante.

Todas aquellas personas no se conocían entre ellas, viajaban solas, como yo. En ese instante comprendí muchas cosas.

En algún lugar de mi mente, unos cables que habían estado sueltos hasta el momento, se conectaron. Ya no temía a esa sensación desconocida, esa sensación era un coctel de alegría, emoción, curiosidad, libertad y muchas cosas igual de bonitas.

Allí hice amistades las cuales todavía hoy conservo, como mi querido amigo neoyorquino Jordan, de Manhattan, con el que yo y dos chicos más, un dentista brasileño y un chico sudamericano el cual quería instalarse en la ciudad, nos fuimos de cervezas hasta que nos cerraron el local.

Fue entonces cuando me enamoré de ella, la cerveza local que me encantó y que no he podido volver a probar ya que no he podido encontrarla en ningún sitio mas. La CALEDONIA.

El día siguiente, bajé a desayunar y vi allí a la chica coreana con la que compartía habitación. Le dije mis planes, de subir al Arthur’s Seat, Calton’s Hill entre otras tantas visitas. Ella tenía planes muy parecidos así que nos fuimos juntas a nuestra excursión. Y fue allí arriba, en Arthur’s seat, después de habernos perdido algo más de una hora por coger el camino equivocado, con las vistas de la ciudad de Edimburgo a mis pies, que me encontré a mí misma.
Allí decidí: “Yo quiero esto”.

¿Y me preguntaréis que es “esto”? ¿Qué encontraste exactamente? Pues lo que me ha acompañado desde entonces: A mi misma, la sensación de libertad, de autonomía, de sentirte orgulloso de ti mismo, de poder dirigirte a aquellos que te dicen “No puedes” y a esas personas que no confian en mí, ahora, les puedo decir orgullosa: ¡MÍRAME!

En una semana volveré a viajar a mi querida ciudad de Edimburgo, también viajo sola. Vale, ésta vez conozco a gente local y quedaré con ellos, pero la sensación de volver al lugar que me reinició, no se puede explicar.

Volver a pasear por la Victoria Street, dormiré en un hostal en pleno Grassmarket en un dormitorio con vistas al castillo. Podré volver a beberme una Caledonia, probaré por primera vez los Haggis… y subiré de nuevo a ese lugar tan mágico.

Un pequeño altiplano que cambió mi vida.

Creadora de Mundo Mahalo.
Extrovertida con pasión por viajar y compartir las experiencias con el mundo ya sea escribiendo, por video o por fotografías.
Amante de las tortugas, los idiomas y las locuras.
Animadora de profesión viajera por vocación.

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Creadora de Mundo Mahalo. Extrovertida con pasión por viajar y compartir las experiencias con el mundo ya sea escribiendo, por video o por fotografías. Amante de las tortugas, los idiomas y las locuras. Animadora de profesión viajera por vocación.
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