Valencia en Fallas

Quiero empezar el post diciendo que las Fallas de Valencia hay que vivirlas por lo menos una vez en la vida.

En mi caso he tenido la suerte de tener como anfitriona a una valenciana así que, a marchas forzadas, pero no me perdí detalle de la esencia de esta fiesta la cual es patrimonio de la humanidad.

   Llegué a Valencia el sábado en tren, las dos estaciones que tiene la ciudad son céntricas, están cerca la una de la otra y muy bien comunicadas por un mini bus que las conecta con una frecuencia de 10 min.

   De la estación nos dirigimos a la plaza del ayuntamiento ya que eran las 12.45 y a las 14.00 era “la Mascletá”, había que ir a coger sitio….. Os aconsejo que para sentir la Mascletá os pongáis lo mas cerca posible, si es un día soleado, buscad sombra a poder ser porque es impresionante como se abarrota la plaza y alrededores, es agobiante la verdad, pero creedme que merece la pena. Quiero puntualizar que desde mi incertidumbre, hasta que no estuve allí, veía la Mascletá por la tele y pensaba: “si solo son petardos…” y estaba muy equivocada.

Como en una lata de sardinas nos encontrábamos a las 14.00 y muy puntual empezó, con petardos si, los cuales formaban una melodía, al poco una traca la cual me puso los pelos de punta, aplausos y emociones de todos los que nos encontrábamos allí, el olor a pólvora inundaba el aire, seguidamente otra melodía de petardazos, el ambiente era espectacular y al final otra traca… ¡Valencia tembló! El ruido es ensordecedor pero espectacular, sentir como tiembla el suelo, como se te eriza la piel, eso es la Mascletá, una experiencia única.

Valencia en fallas es un hervidero así que comer se hizo una tarea complicada, acabamos con un bocata de jamón entre las manos, comiéndolo de pie en medio de una calle y dispuestas a empezar el tour por las calles para ver las vario pintas fallas.

La fiesta es todo un ritual, cada barrio tiene su cofradía y su falla, sus falleras cuidadosamente vestidas para la ocasión viven estos días con total devoción, me recordó a una semana santa en Andalucía.

Después de dar un paseo por las calles en las que no cabía ni un alfiler, mi guía me llevó a ver la ofrenda.

En modo de procesión, las falleras de cada cofradía, van a hacerle la ofrenda de flores a la Virgen, ella esta hecha de una estructura enorme la cual van llenando de ramos de flores rojas (las llevan las falleras mayores) y blancas del resto construyendo así un manto espectacular, es entonces cuando muchísima gente aprovecha la ocasión para pedir salud y deseos varios a la Mare de Déu. Contemplar la emoción de las falleras al entregarle su ramo a la virgen es espectacular.

 

Después de pasar el día en Valencia disfrutando de sus Fallas, cogimos el tren de cercanías y nos fuimos a Gandía, lugar de origen de mi guía, allí no habría tantísima gente como en Valencia y la verdad que las fallas no se tienen nada que envidiar.

Después de una noche de sábado de verbenas y bailoteos y un domingo de paella al lado del mar, lo ultimo que me quedaba por ver era “la cremá”, aquello que yo no entendía, pensar que al final todas aquellas obras de arte que un año de trabajo había llevado, quedaran reducidas a cenizas no me entraba en la cabeza. Pero esa es la tradición, año tras año intentar hacer la mejor falla y luchar para ganar el primer premio, para ellos es todo un honor.

   Así pues el domingo por la noche, estábamos nosotras intentando coger el mejor sitio para disfrutar del ritual del fuego.

Como no, abarrotado de espectadores, empieza una melodía de petardos y fuegos artificiales alrededor de la falla la cual haya obtenido premio o no, despiden con mucha pena y a la vez alegría.

Entre el estruendo empieza el fuego el cual causa un calor tremendo por eso os aconsejo no estar muy cerca. La maravillosa escultura queda en instantes reducida a su chasis y mas tarde a una montaña de cenizas. Así una falla tras otra. Los valencianos tienen arte incluso en controlar el fuego para que no arda la ciudad entera.

   Después de todo, pasé un par de días mas en Gandía, una ciudad con playa espectacular, rio, montaña, un verdor especial de los naranjos que pueblan toda la zona, mil rincones, y mucho encanto, sobre todo de su gente.

Otro apunte que quiero hacer es que en la Comunidad Valenciana en general, en fallas, hay mucha fiesta así que antes de ir tomad algún complejo vitamínico y disfrutad.

   Y así terminan unos días de frenesí para los valencianos, su fiesta mas esperada y deseada. Todo un arte, todo emoción, todo esfuerzo. Yo he vuelto a casa enamorada de esta fiesta y de los valencianos los cuales engancha su vitalidad.

Así que si tenéis oportunidad el próximo año, os recomiendo 100% que acudáis a Valencia a vivir ese estruendo de fiesta, no defrauda os lo aseguro.

Espero vuestros comentarios. Contadnos si habéis estado alguna vez en las Fallas de Valencia y si es que sí,  vuestra experiencia.

Y a los que todavía no han tenido oportunidad, ¿os gustaría vivir ésta bonita tradición valenciana? ¿Tenéis pensado ir para las próximas? También podeis compartir vuestras fotos en la caja de comentarios.

Muchas gracias por haber leído hasta aquí y os espero en el próximo post.

¡Mahalo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *