Koh Rong, la isla

  Veníamos a Koh Rong, la isla mas fiestera del país no sólo porque nos lo habían recomendado, por ser la isla 10 en Camboya sino también porque nuestra inseparable Lonely Planet y el señor Google la dejaban en muy buen lugar.       

   Teníamos que comprobar nosotros mismos si tal isla era el paraíso que anhelabamos y que tantos nos pintaban.

   Después de nuestra experiencia, no muy buena con el “BusHotel”, la cual os invito a leer haciendo click AQUÍ, que nos llevó de Siem Riep a Sihadoukville, lo único que pensábamos era en pisar tierra isleña.

   Nuestro barco salía con algo de retraso y es que aquí ya hemos aprendido que los camboyanos viven y trabajan a su ritmo, sin prisa alguna, siempre más tarde que pronto. Mientras esperábamos empezaban a llegar nubes que cubrieron la bahía y amenazaban con lluvia, pero tuvimos suerte y fueron 4 gotas solo de aviso.

   En menos de una hora estábamos en la isla de Koh Rong, y la primera impresión fué  “¡Vaya, ha valido la pena!”.

 

   Nosotros teníamos que ir a SokSan en Long Beach, lugar que se ubica al otro lado de la isla y al cual solo se puede llegar o bien en barco o bien por un camino en medio de la jungla cual Tarzán entre lianas dónde en varios tramos tienes que literalmente escalar. Ese pensamiento no pasó por nuestra cabeza ya que con nuestras enormes mochilas lo único que queríamos era llegar al hostal y relajarnos después del largo viaje que habíamos hecho desde Siem Riep.

   Nos ofrecieron varios TaxiBoat hacia SokSan por unos 25 dólares, lo que encontramos carísimo ya que había que contar también con la vuelta. Intentamos negociar un precio sin éxito y al final decidimos cancelar nuestra reserva al Este de la isla y quedarnos por la zona. Además había playa, buen rollo, gente y no parecía estar mal.

   Buscamos un hostal, reservamos para un par de noches y nos plantamos en la playa con nuestra toalla y bikini por fin para disfrutar de unos días a la bartola. Unos días en los que el único motivo para no llevar calzado era porque tu hostal está a pié de playa y no por que una señal en un templo te lo exija.

   No había apenas gente así que encontramos rápido un lugar para nuestra toalla y nos fuimos a remojar a la orilla de ese mar turquesa. Al tumbarnos se escuchó el primer trueno y volvieron a caer 4 gotas más, nos retiramos para comer algo a cubierto por si acaso. Volvimos de nuevo cuando creíamos que “no había peligro” y parecía que se despejáse el cielo, segundo intento. A los 10 minutos agua de nuevo. Alguien nos estaba tomando el pelo, seguro.
   Hasta el tercer intento no pudimos disfrutar de una siesta en una hamaca entre dos palmeras en la playa y  por fin sin lluvia.

 

   Después de una ducha helada (porque agua caliente no hay) para quitarnos la arena que se nos había metido hasta zonas que no voy a comentar y todos sabemos,  salimos a cenar. No caminamos mucho, buscábamos una buena oferta y la encontramos en el local de al lado.  

15 € GRATIS EN BOOKING
Solamente tienes que hacer la reserva (+30€) a través de éste link:

DESCUENTO BOOKING MUNDO MAHALO


   Allí no hay perdida, es una sola calle a orillas del mar, con hostales que a su vez son bares y ofrecen comida durante el dia. Al atardecer, los mismos te plantan su subwoofer y tienes la discoteca ya montada. Todo en uno, no hay que andar muy lejos.

   Hecho de menos la comida Tailandesa, y a la gente de Tailandia. Al menos allí chapurrean un poco de Inglés y no te vuelves loco intentando hacerte entender. Aquí la respuesta para todas las preguntas es “Sí” o “Ok”. 
-¿Es ésto picante? 
-Ok
-¿Qué lleva éste plato?
-Sí
Y así con cualquier cosa. Acabas desquiciada y pidiendo lo más básico que encuentras en el menú por miedo a que te traigan un plato de cada cosa que has ido preguntando. 

   Al terminar de cenar, seguía tronando y relampagueando sin cesar aunque sin lluvia. Yo empecé a preocuparme porque cada vez parecía estar la cosa más cerca. 
   De repente empezó a llover, y en menos de 5minutos, llegó el diluvio universal. Agua, viento, más agua, truenos, relámpagos. Nosotros no nos lo tomamos muy en serio al principio, cuando la gente no se inmutaba y seguía caminando como si no pasara nada. Hasta que vimos a los camboyanos correr y gritar cosas en su idioma. Ahí descubrimos que la cosa iba en serio.
   
   En unos 20 minutos estaba todo inundado, el agua casi se elevaba un palmo sobre la arena y todos los bares/hostales acogían a los turistas y lugareños bajo sus techos, los cuales todos tenían goteras.
  

 


   Se acabó la música y las barbacoas dónde estaban cocinando ahora eran sopa de cenizas.
   Decidimos retirarnos a nuestros aposentos después de tal espectáculo. 
   


   El siguiente día amaneció sin una sola nube, había que aprovecharlo. 
   Cruzamos la jungla a pié. Creo que no sabéis de lo que hablo cuando digo “cruzar la jungla”. Os pongo en situación: 34°C sin apenas corriente de aire y con pendientes pronunciadas que te dejan sin aliento, rodeados de selva, lianas, follaje, pedruscos y lo que os podáis imaginar. Tardamos una señora hora entre vegetación y rocas. No vimos ni monos ni serpientes cómo nos habían advertido y menos mal porque del soponcio que llevaba si llego a ver algún mono lo primero que hago es pedirle una cerveza fresquita. 


   Lo que encontramos al otro lado mereció la pena. Una playa paradisíaca casi vacía de arena blanca y agua todavía más clara que la anterior.

    Parecía que Camboya nos daba una tregua. Pasamos al el día bajo el Sol entre hamacas, tumbonas, palmeras y arena, donde terminamos como gambas. Para que me entendáis, cogí un color guiri en pleno mes de agosto.

   Allí vimos un atardecer precioso que dejaba el cielo teñido de naranja y morado sobre un mar dormido.


   Una tarde de Febrero difícil de olvidar.

Creadora de Mundo Mahalo.
Extrovertida con pasión por viajar y compartir las experiencias con el mundo ya sea escribiendo, por video o por fotografías.
Amante de las tortugas, los idiomas y las locuras.
Animadora de profesión viajera por vocación.

About Cristina.T

Creadora de Mundo Mahalo. Extrovertida con pasión por viajar y compartir las experiencias con el mundo ya sea escribiendo, por video o por fotografías. Amante de las tortugas, los idiomas y las locuras. Animadora de profesión viajera por vocación.
View all posts by Cristina.T →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *